Afortunados nos sentimos los nijareños al contemplar, día tras día, las mágicas decisiones que la sabia naturaleza tomó en nuestra tierra. Ella fue la encargada de trazar los salvajes y abruptos montes y perfilar los desafiantes acantilados que cortejan nuestras vírgenes calas, a las que nuestra tierra dio la bienvenida.
Y en la tarea de corresponder tal privilegio, los distintos pueblos que a lo largo de la historia hemos cuidado este paraje, hemos atesorado una envidiable riqueza cultural y gastronómica de la que el visitante quedará deleitado.
Uno de los grandes tesoros del Mediterráneo Occidental, dónde piratas ya buscaron su aposento y en el que navegante de nuestros días, y mediante la selección de unas trabajadas rutas, disfrutará de cálidos fines de semana, vacaciones memorables y estancias cortas que de bien seguro le conquistarán.